Quería escribirte, aún sabiéndote distante, abstraído, impasible.
Aún considerando el océano que nos aparta, las elecciones que nos extravían y el cielo cursi que ni nos une.
Quería escribirte, aún sin mis prometidas certezas.
Quería escribirte porque hoy alguien me llamó astuta
y sonreí tristemente.
Quería escribirte porque hoy alguien me pidió un abrazo y lo envolví con unos brazos secos.
Quería escribirte porque es un ritual que he abandonado para ahuyentar tu fantasma, aunque él huela mi deseo y se presente sin premeditación y con alevosía.
Quería escribirte y no quería.
Quería escribirte porque hoy alguien me fundió en un beso y las cenizas de nuestro rescoldo me nublaron la vista.
Escribir intoxicada de grises vestigios.
Escribir con un bloque en la garganta.
Escribir con inhóspita ceguera.
Escribir con recuerdos evaporándose de frío.
Escribir para rescatarte/ rescatarme/
del tedio/ del oxidado mes de julio/ del “sin embargo”/
Quería escribirte y decirte que he cambiado.
Quería escribirte y decirte que la nostalgia puede transformarse en aventura.
Quería escribirte y decirte que aquí seguimos adelante.
Quería escribirte y decirte que puedo dar la espalda.
Quería escribirte como quien le escribe a un intruso.
Como quien le escribe a un muerto.
Como quien le escribe al blanco de una página llena de blancos.
una foto me sobra/ una llamada me agota/ una caricia me duele/ un entrarse me arroja/
Quería no nombrarte.
Quería detenerte y oculté las señales.
Quería evadirme y no pude conciliar el sueño.
Quería sostener mi discurso y me desdije.
Quería estructuras que me contuvieran y salté al vacío.
Quería escribirte, aún sabiéndote distante, abstraído, impasible.
Quería escribirte sin preguntas.
Quería escribirte con respuestas.
Como quien le escribe a un muerto.
Quería escribirte porque hoy alguien me dijo “te amo”
y, sobre su hombro, callé:
quería no nombrarte.
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